Lun 18 Jun 2007
Pobre Sancho…
Posted by Victor Fernández under Desafío por la dama, Encantamiento, Lo real y lo imaginado, Sabios encantadores, La invención de Dulcinea, Sentimientos de Sancho, Víctor
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Oh tú, gloria y honor de cuantos visten
las túnicas de acero y de diamante,
luz y farol, sendero, norte y guía
de aquellos que, dejando el torpe sueño
y las ociosas plumas, se acomodan
a usar el ejercicio intolerable
de las sangrientas y pesadas armas!
A ti digo, ¡oh varón como se debe
por jamás alabado!, a ti, valiente
juntamente y discreto don Quijote,
de la Mancha esplendor, de España estrella,
que para recobrar su estado primo
la sin par Dulcinea del Toboso
es menester que Sancho tu escudero
se dé tres mil azotes y trecientos
en ambas sus valientes posaderas,
al aire descubiertas, y de modo,
que le escuezan, le amarguen y le enfaden.
Y en esto se resuelven todos cuantos
de su desgracia han sido los autores,
y a esto es mi venida, mis señores.—¡Voto a tal! —dijo a esta sazón Sancho—. No digo yo tres mil azotes, pero así me daré yo tres como tres puñaladas. ¡Válate el diablo por modo de desencantar! ¡Yo no sé qué tienen que ver mis posas con los encantos! ¡Par Dios que si el señor Merlín no ha hallado otra manera como desencantar a la señora Dulcinea del Toboso, encantada se podrá ir a la sepultura!
—Tomaros he yo —dijo don Quijote—, don villano, harto de ajos, y amarraros he a un árbol, desnudo como vuestra madre os parió, y no digo yo tres mil y trecientos, sino seis mil y seiscientos azotes os daré, tan bien pegados, que no se os caigan a tres mil y trecientos tirones. Y no me repliquéis palabra, que os arrancaré el alma.
Este fragmento pertenece al capítulo Treinta y cuatro de la segunda parte del Quijote. Está situado durante la estancia de Quijote y Sancho en el palacio de los duques, exactamente es un fragmento de la broma que tan cuidadosamente habian preparado los Duques para reirse de Don Quijote y Sancho.
Mientras Don Quijote, Sancho, los Duques y demás sirvientes están cazando, suenan grandes trompetas y fuertes ruidos. Al cabo de un rato de extraños estruendos, aparece a caballo un hombre vestido de demonio, que le comunica a Don Quijote que Dulcinea y el encantado Montesinos se dirigen hacia allí con intención de descubrirle cómo desencantar a Dulcinea. Cuando más tarde aparecen varios carros, en el último de ellos aparecen Dulcinea y Montesinos. Éstos le dicen a Don Quijote que para desencantar a Dulcinea, Sancho debe propinarse 3000 azotes en sus “posaderas” (el culete). A lo cual este se niega, y despues de suplicar y dar varias razones varios presentes, Sancho acepta la penitencia con la condición de poder aplicarla poco a poco.
Es conveniente para poder comprender el sentido de este capítulo haber leído los diferentes capítulos referentes a dulcinea, para saber lo referente al encatamiento de Dulcinea.

