Vie 8 Jun 2007
Enamorado de oídas
Posted by olga under Lo real y lo imaginado, La invención de Dulcinea, Olga
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—Yo me reportaré —respondió Sancho—, pero ¿con qué paciencia podré llevar que quiera vuestra merced que de sola una vez que vi la casa de nuestra ama la haya de saber siempre y hallarla a media noche, no hallándola vuestra merced, que la debe de haber visto millares de veces?
—Tú me harás desesperar, Sancho —dijo don Quijote—. Ven acá, hereje: ¿no te he dicho mil veces que en todos los días de mi vida no he visto a la sin par Dulcinea, ni jamás atravesé los umbrales de su palacio, y que solo estoy enamorado de oídas y de la gran fama que tiene de hermosa y discreta?
—Ahora lo oigo —respondió Sancho—; y digo que pues vuestra merced no la ha visto, ni yo tampoco.
—Eso no puede ser —replicó don Quijote—, que por lo menos ya me has dicho tú que la viste ahechando trigo, cuando me trujiste la respuesta de la carta que le envié contigo.
—No se atenga a eso, señor —respondió Sancho—, porque le hago saber que también fue de oídas la vista y la respuesta que le truje; porque así sé yo quién es la señora Dulcinea como dar un puño en el cielo.
—Sancho, Sancho —respondió don Quijote—, tiempos hay de burlar y tiempos donde caen y parecen mal las burlas. No porque yo diga que ni he visto ni hablado a la señora de mi alma has tú de decir también que ni la has hablado ni visto, siendo tan al revés como sabes.
Este fragmento, titulado “Enamorado de oídas y de la gran fama que tiene de hermosa y discreta”, pertenece al capítulo IX de la segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha. En este fragmento se narra cómo, de camino a nuevas aventuras, don Quijote pasa por la ciudad del Toboso para que su amada Dulcinea, a la que no ha visto y que es producto de su imaginación, le dé la bendición y así poder proseguir, como los realmente caballeros hacían y cómo don Quijote pensó hacer al leerlo en las tantas novelas caballerescas que leia.
Se narra cómo, don Quijote, entró en el Toboso acompañado por Sancho y preguntó por dónde podía encontrar el palacio de Dulcinea y a ésta, en su imaginación, una princesa. A las preguntas que don Quijote hizo nadie supo contestar, ya que no había princesa alguna en el Toboso y menos un palacio.
Em este fragmento se puede ver cómo Sancho comete el error de decir que él no ha visto a Dulcinea del Toboso cuando anteriormente había dicho que sí, percatándose don Quijote de todo.
