Miguel


¡Oh tú, gloria y honor de cuantos visten
las túnicas de acero y de diamante,
luz y farol, sendero, norte y guía
de aquellos que, dejando el torpe sueño
y las ociosas plumas, se acomodan
a usar el ejercicio intolerable
de las sangrientas y pesadas armas!
A ti digo, ¡oh varón como se debe
por jamás alabado!, a ti, valiente
juntamente y discreto don Quijote,
de la Mancha esplendor, de España estrella,
que para recobrar su estado primo
la sin par Dulcinea del Toboso
es menester que Sancho tu escudero
se dé tres mil azotes y trecientos
en ambas sus valientes posaderas,
al aire descubiertas, y de modo,
que le escuezan, le amarguen y le enfaden.
Y en esto se resuelven todos cuantos
de su desgracia han sido los autores,
y a esto es mi venida, mis señores.—¡Voto a tal! —dijo a esta sazón Sancho—. No digo yo tres mil azotes, pero así me daré yo tres como tres puñaladas. ¡Válate el diablo por modo de desencantar! ¡Yo no sé qué tienen que ver mis posas con los encantos! ¡Par Dios que si el señor Merlín no ha hallado otra manera como desencantar a la señora Dulcinea del Toboso, encantada se podrá ir a la sepultura!
—Tomaros he yo —dijo don Quijote—, don villano, harto de ajos, y amarraros he a un árbol, desnudo como vuestra madre os parió, y no digo yo tres mil y trecientos, sino seis mil y seiscientos azotes os daré, tan bien pegados, que no se os caigan a tres mil y trecientos tirones. Y no me repliquéis palabra, que os arrancaré el alma.


Este fragmento pertenece al capítulo XXXIV del Quijote de Miguel de Cervantes que se titula Que cuenta de la noticia que se tuvo de como desencantar a la sin par Dulcinrea del Toboso, que es una de las aventuras más famosas deste libro. En este capítulo se nos narra de cómo Sancho y Don Quijote se enteran de la manera de desencantar a Dulcinea.

En este fragmento Merlin le dice a Sancho y a  Don Quijote cómo desencantar a Dulcinea y Don Quijote le dice a Sancho lo que le hará para conseguirlo.

En este fragmento se hace referencia al capítulo XXIII en el que Don Quijote baja a la cueva de Montesinos y este  le dice a Don Quijote que recibirá noticia de como desencantar a Dulcinea.

Preguntó la duquesa a don Quijote que qué nuevas tenía de la señora Dulcinea y que si le había enviado aquellos días algunos presentes de gigantes o malandrines, pues no podía dejar de haber vencido muchos. A lo que don Quijote respondió:
—Señora mía, mis desgracias, aunque tuvieron principio, nunca tendrán fin. Gigantes he vencido, y follones y malandrines le he enviado, pero ¿adónde la habían de hallar, si está encantada y vuelta en la más fea labradora que imaginar se puede?
—No sé —dijo Sancho Panza—, a mí me parece la más hermosa criatura del mundo: a lo menos en la ligereza y en el brincar, bien sé yo que no dará ella la ventaja a un volteador; a buena fe, señora duquesa, así salta desde el suelo sobre una borrica como si fuera un gato.
—¿Habéisla visto vos encantada, Sancho? —preguntó el duque.
—¡Y cómo si la he visto! —respondió Sancho—. Pues ¿quién diablos sino yo fue el primero que cayó en el achaque del encantorio? ¡Tan encantada está como mi padre!

Este fragmento pertenece al capítulo XXXI de la segunda parte del Quijote de Miguel de Cervantes cuyo título es que trata de muchas y grandes cosas. En este capítulo se nos narra como Don quijote y Sancho llegan a casa de unos duques que habían leído la primera parte y tratan a Don Quijote como a un caballero queriendo burlarse de él.

En este fragmento, la duquesa le pregunta a Don Quijote sobre Dulcinea y este responde que está encantada y que está transformada en una fea labradora, cosa que le ha hecho creer Sancho.

En este fragmento se hace referencia al capítulo X en donde Sancho para evitar que su señor le eche una bronca por no saber quién es Dulcinea ni encontrarla en el Toboso se inventa que tres feas labradoras son Dulcinea y dos de sus señoras.

Cabe destacar en este fragmento la descripción que le hace Don Quijote a la duquesa de Dulcinea siguiendo el modelo petrarquista.

“De este modo, don Quijote y Sancho deben regresar a su aldea, donde el hidalgo cae enfermo y, recuperado el juicio, muere en medio de general consternación.”

                 

                     

Como las cosas humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus principios hasta llegar a su último fin, especialmente las vidas de los hombres , y como la de don Quijote no tuviese privilegio del cielo para detener el curso de la suya , llegó su fin y acabamiento cuando él menos lo pensaba; porque o ya fuese de la melancolía que le causaba el verse vencido  o ya por la disposición del cielo, que así lo ordenaba, se le arraigó una calentura que le tuvo seis días en la cama, en los cuales fue visitado muchas veces del cura, del bachiller y del barbero, sus amigos, sin quitársele de la cabecera Sancho Panza, su buen escudero.Miráronse unos a otros, admirados de las razones de don Quijote, y, aunque en duda, le quisieron creer; y una de las señales por donde conjeturaron se moría fue el haber vuelto con tanta facilidad de loco a cuerdo , porque a las ya dichas razones añadió otras muchas tan bien dichas, tan cristianas y con tanto concierto, que del todo les vino a quitar la duda, y a creer  que estaba cuerdo.Hizo salir la gente el cura, y quedóse solo con él y confesóle .El bachiller fue por el escribano y de allí a poco volvió con él y con Sancho Panza; el cual Sancho, que ya sabía por nuevas del bachiller en qué estado estaba su señor, hallando a la ama y a la sobrina llorosas, comenzó a hacer pucheros y a derramar lágrimas . Acabóse la confesión y salió el cura diciendo:

—Verdaderamente se muere y verdaderamente está cuerdo Alonso Quijano el Bueno; bien podemos entrar para que haga su testamento.

 “Allí, por último, uno de los vecinos e nuestro hidalgo pueblerino, que ha llegado disfrazado de caballero andante para sacar partido de su locura lo desafía, lo vence y le impone la condición de que abandone por un año el ejercicio de las armas.”

              

Agradeció el de la Blanca Luna con corteses y discretas razones al visorrey la licencia que se les daba, y don Quijote hizo lo mesmo; el cual, encomendándose al cielo de todo corazón y a su Dulcinea, como tenía de costumbre al comenzar de las batallas que se le ofrecían, tornó a tomar otro poco más del campo, porque vio que su contrario hacía lo mesmo; y sin tocar trompeta ni otro instrumento bélico que les diese señal de arremeter, volvieron entrambos a un mesmo punto las riendas a sus caballos , y como era más ligero el de  la Blanca Luna, llegó a don Quijote a dos tercios andados de la carrera , y allí le encontró con tan poderosa fuerza, sin tocarle con la lanza (que la levantó, al parecer, de propósito) , que dio con Rocinante y con don Quijote por el suelo una peligrosa caída.[…]—… que solo me contento con que el gran don Quijote se retire a su lugar un año, o hasta el tiempo que por mí le fuere mandado, como concertamos antes de entrar en esta batalla.