Jue 21 Jun 2007
Confesión incredula de una gran mentira.
Posted by Alex under La invención de Dulcinea
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Jue 21 Jun 2007
Posted by Alex under La invención de Dulcinea
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Lun 18 Jun 2007
Posted by toni under Dulcinea, Encantamiento, Petrarquismo, La invención de Dulcinea, Toni
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Preguntó la duquesa a don Quijote que qué nuevas tenía de la señora Dulcinea y que si le había enviado aquellos días algunos presentes de gigantes o malandrines, pues no podía dejar de haber vencido muchos. A lo que don Quijote respondió:
—Señora mía, mis desgracias, aunque tuvieron principio, nunca tendrán fin. Gigantes he vencido, y follones y malandrines le he enviado, pero ¿adónde la habían de hallar, si está encantada y vuelta en la más fea labradora que imaginar se puede?
—No sé —dijo Sancho Panza—, a mí me parece la más hermosa criatura del mundo: a lo menos en la ligereza y en el brincar, bien sé yo que no dará ella la ventaja a un volteador; a buena fe, señora duquesa, así salta desde el suelo sobre una borrica como si fuera un gato.
—¿Habéisla visto vos encantada, Sancho? —preguntó el duque.
—¡Y cómo si la he visto! —respondió Sancho—. Pues ¿quién diablos sino yo fue el primero que cayó en el achaque del encantorio? ¡Tan encantada está como mi padre!
Este fragmento pertenece al capítulo XXXI de la segunda parte del Quijote cuyo título “es que trata de muchas y grandes cosas”. En este capítulo nos narra como Don Quijote y Sancho llegan a casa de los duqes que habían leido la primera parte y se intetan burlar de ellos tratándolo a Don Quijote como caballero.
En este fragmento le cuenta Don Quijote a la duquesa que dulcinea estaba encantada y que es una labradora. Aquello se lo había hecho creer Sancho, también se hace referencia al capitulo X donde Sancho le miente a Don Quijote, diciéndole que había visto Dulcinea con dos de sus sirvientas, en este fragmento se observan características del petrarquismo por parte de Don quijote para decribirle a la Duques Dulcinea.
Lun 18 Jun 2007
Posted by Victor Fernández under Desafío por la dama, Encantamiento, Lo real y lo imaginado, Sabios encantadores, La invención de Dulcinea, Sentimientos de Sancho, Víctor
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Oh tú, gloria y honor de cuantos visten
las túnicas de acero y de diamante,
luz y farol, sendero, norte y guía
de aquellos que, dejando el torpe sueño
y las ociosas plumas, se acomodan
a usar el ejercicio intolerable
de las sangrientas y pesadas armas!
A ti digo, ¡oh varón como se debe
por jamás alabado!, a ti, valiente
juntamente y discreto don Quijote,
de la Mancha esplendor, de España estrella,
que para recobrar su estado primo
la sin par Dulcinea del Toboso
es menester que Sancho tu escudero
se dé tres mil azotes y trecientos
en ambas sus valientes posaderas,
al aire descubiertas, y de modo,
que le escuezan, le amarguen y le enfaden.
Y en esto se resuelven todos cuantos
de su desgracia han sido los autores,
y a esto es mi venida, mis señores.—¡Voto a tal! —dijo a esta sazón Sancho—. No digo yo tres mil azotes, pero así me daré yo tres como tres puñaladas. ¡Válate el diablo por modo de desencantar! ¡Yo no sé qué tienen que ver mis posas con los encantos! ¡Par Dios que si el señor Merlín no ha hallado otra manera como desencantar a la señora Dulcinea del Toboso, encantada se podrá ir a la sepultura!
—Tomaros he yo —dijo don Quijote—, don villano, harto de ajos, y amarraros he a un árbol, desnudo como vuestra madre os parió, y no digo yo tres mil y trecientos, sino seis mil y seiscientos azotes os daré, tan bien pegados, que no se os caigan a tres mil y trecientos tirones. Y no me repliquéis palabra, que os arrancaré el alma.
Este fragmento pertenece al capítulo Treinta y cuatro de la segunda parte del Quijote. Está situado durante la estancia de Quijote y Sancho en el palacio de los duques, exactamente es un fragmento de la broma que tan cuidadosamente habian preparado los Duques para reirse de Don Quijote y Sancho.
Mientras Don Quijote, Sancho, los Duques y demás sirvientes están cazando, suenan grandes trompetas y fuertes ruidos. Al cabo de un rato de extraños estruendos, aparece a caballo un hombre vestido de demonio, que le comunica a Don Quijote que Dulcinea y el encantado Montesinos se dirigen hacia allí con intención de descubrirle cómo desencantar a Dulcinea. Cuando más tarde aparecen varios carros, en el último de ellos aparecen Dulcinea y Montesinos. Éstos le dicen a Don Quijote que para desencantar a Dulcinea, Sancho debe propinarse 3000 azotes en sus “posaderas” (el culete). A lo cual este se niega, y despues de suplicar y dar varias razones varios presentes, Sancho acepta la penitencia con la condición de poder aplicarla poco a poco.
Es conveniente para poder comprender el sentido de este capítulo haber leído los diferentes capítulos referentes a dulcinea, para saber lo referente al encatamiento de Dulcinea.
Dom 17 Jun 2007
Posted by jonatan under Lo real y lo imaginado, La invención de Dulcinea, Jonathan
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—Yo me reportaré —respondió Sancho—, pero ¿con qué paciencia podré llevar que quiera vuestra merced que de sola una vez que vi la casa de nuestra ama la haya de saber siempre y hallarla a media noche, no hallándola vuestra merced, que la debe de haber visto millares de veces?
—Tú me harás desesperar, Sancho —dijo don Quijote—. Ven acá, hereje: ¿no te he dicho mil veces que en todos los días de mi vida no he visto a la sin par Dulcinea, ni jamás atravesé los umbrales de su palacio, y que solo estoy enamorado de oídas y de la gran fama que tiene de hermosa y discreta?
—Ahora lo oigo —respondió Sancho—; y digo que pues vuestra merced no la ha visto, ni yo tampoco.
—Eso no puede ser —replicó don Quijote—, que por lo menos ya me has dicho tú que la viste ahechando trigo, cuando me trujiste la respuesta de la carta que le envié contigo.
—No se atenga a eso, señor —respondió Sancho—, porque le hago saber que también fue de oídas la vista y la respuesta que le truje; porque así sé yo quién es la señora Dulcinea como dar un puño en el cielo.
—Sancho, Sancho —respondió don Quijote—, tiempos hay de burlar y tiempos donde caen y parecen mal las burlas. No porque yo diga que ni he visto ni hablado a la señora de mi alma has tú de decir también que ni la has hablado ni visto, siendo tan al revés como sabes.

Este fragmnto pertenece al capítulo IX de la segunda partde del Quijote, cuyo título es : “Donde se cuenta lo que en él se verá”.
En este fragmento se narra cómo Don Quijote y Sancho llegan al Toboso de noche, y Don Quijote manda a Sancho a buscar el castillo de la sin par Dulcinea del Toboso, el cual “ya había visitado” anteriormente.
Se cuenta la graciosa historia de como Sancho se delata a si mismo desmintiendo no haberla visto nunca, y propone a Don Quijote irse para volver otro dia, que fuera de mañana.
Para entender este capítulo habría que haberse leido anteriormente el capítulo donde Sancho le cuenta a su dueño que ha llevdo su carta a Dulcinea, y la habia encontrado en el corral aechando trigo.
Mar 12 Jun 2007
Posted by javi fito under La invención de Dulcinea, Javi
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Preguntó la duquesa a don Quijote que qué nuevas tenía de la señora Dulcinea y que si le había enviado aquellos días algunos presentes de gigantes o malandrines, pues no podía dejar de haber vencido muchos. A lo que don Quijote respondió:
—Señora mía, mis desgracias, aunque tuvieron principio, nunca tendrán fin. Gigantes he vencido, y follones y malandrines le he enviado, pero ¿adónde la habían de hallar, si está encantada y vuelta en la más fea labradora que imaginar se puede?
—No sé —dijo Sancho Panza—, a mí me parece la más hermosa criatura del mundo: a lo menos en la ligereza y en el brincar, bien sé yo que no dará ella la ventaja a un volteador; a buena fe, señora duquesa, así salta desde el suelo sobre una borrica como si fuera un gato.
—¿Habéisla visto vos encantada, Sancho? —preguntó el duque.
—¡Y cómo si la he visto! —respondió Sancho—. Pues ¿quién diablos sino yo fue el primero que cayó en el achaque del encantorio? ¡Tan encantada está como mi padre!
Este texto que pertenece al libro de Don Quijote de la mancha que esta incluido en el capítulo XXXI de la segunda parte de este libro. El título de este capitulo es que trata de muchas y grandes cosas.
En este capitulo se muestra el diálogo entre la duquesa Don Quijote y Sancho Panza donde la duquesa pregunta a Don Quijote sobre su amada dulcinea para reírse de él al oír la respuestas que le alega. Durante el diálogo se puede observar que Don Quijote sigue viendo a su amada de una manera idealiza siguiendo los cánones del petrarquismo, pero esta vez sabiendo que la amada que le muestra Sancho Panza no es más que una campesina la cual dice que esta encantada por un mago.
Se puede observar también que Sancho interviene en el diálogo para dar apoyo en la respuesta que le da Don Quijote a la duquesa alegando que el también a visto a Dulcinea encantada.
Mar 12 Jun 2007
Posted by miguel under La invención de Dulcinea, Miguel
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Preguntó la duquesa a don Quijote que qué nuevas tenía de la señora Dulcinea y que si le había enviado aquellos días algunos presentes de gigantes o malandrines, pues no podía dejar de haber vencido muchos. A lo que don Quijote respondió:
—Señora mía, mis desgracias, aunque tuvieron principio, nunca tendrán fin. Gigantes he vencido, y follones y malandrines le he enviado, pero ¿adónde la habían de hallar, si está encantada y vuelta en la más fea labradora que imaginar se puede?
—No sé —dijo Sancho Panza—, a mí me parece la más hermosa criatura del mundo: a lo menos en la ligereza y en el brincar, bien sé yo que no dará ella la ventaja a un volteador; a buena fe, señora duquesa, así salta desde el suelo sobre una borrica como si fuera un gato.
—¿Habéisla visto vos encantada, Sancho? —preguntó el duque.
—¡Y cómo si la he visto! —respondió Sancho—. Pues ¿quién diablos sino yo fue el primero que cayó en el achaque del encantorio? ¡Tan encantada está como mi padre!

Este fragmento pertenece al capítulo XXXI de la segunda parte del Quijote de Miguel de Cervantes cuyo título es que trata de muchas y grandes cosas. En este capítulo se nos narra como Don quijote y Sancho llegan a casa de unos duques que habían leído la primera parte y tratan a Don Quijote como a un caballero queriendo burlarse de él.
En este fragmento, la duquesa le pregunta a Don Quijote sobre Dulcinea y este responde que está encantada y que está transformada en una fea labradora, cosa que le ha hecho creer Sancho.
En este fragmento se hace referencia al capítulo X en donde Sancho para evitar que su señor le eche una bronca por no saber quién es Dulcinea ni encontrarla en el Toboso se inventa que tres feas labradoras son Dulcinea y dos de sus señoras.
Cabe destacar en este fragmento la descripción que le hace Don Quijote a la duquesa de Dulcinea siguiendo el modelo petrarquista.
Lun 11 Jun 2007
Posted by Rafa under Lo real y lo imaginado, Petrarquismo, Rafael
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—No hay más que decir —dijo la duquesa—. Pero si, con todo eso, hemos de dar crédito a la historia que del señor don Quijote de pocos días a esta parte ha salido a la luz del mundo, con general aplauso de las gentes, della se colige, si mal no me acuerdo, que nunca vuesa merced ha visto a la señora Dulcinea, y que esta tal señora no es en el mundo, sino que es dama fantástica, que vuesa merced la engendró y parió en su entendimiento, y la pintó con todas aquellas gracias y perfeciones que quiso.
—En eso hay mucho que decir —respondió don Quijote—. Dios sabe si hay Dulcinea o no en el mundo, o si es fantástica o no es fantástica; y estas no son de las cosas cuya averiguación se ha de llevar hasta el cabo. Ni yo engendré ni parí a mi señora, puesto que la contemplo como conviene que sea una dama que contenga en sí las partes que puedan hacerla famosa en todas las del mundo, como son hermosa sin tacha, grave sin soberbia, amorosa con honestidad, agradecida por cortés, cortés por bien criada, y, finalmente, alta por linaje, a causa que sobre la buena sangre resplandece y campea la hermosura con más grados de perfeción que en las hermosas humildemente nacidas.
Este fragmento pertenece al capítulo XXXI del segundo libro del Quijote cuyo título es Que trata de muchas y grandes cosas.
En dicho fragmento se narra una conversación entre Don Quijote y la duquesa. Esta le pregunta si Dulcinea es real o se la inventado él, usando la expresión “parido”, donde se ve claramente que la duquesa se burla de Don Quijote. Don quijote le dice que él no sabe si existe o no, y también le dice que ella no ha surgido de su invención.
En este fragmento se ven unas características del petrarquismo, tal y como muestra Don Quijote al darle varios rasgos distintivos de nobleza y belleza a Dulcinea, un ejemplo de ello: su desmesurada e inventada hermosura.
Lun 11 Jun 2007
Posted by Iris Alcaraz under El caballero y la dama, Lo real y lo imaginado, La invención de Dulcinea, Iris
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—Yo me reportaré —respondió Sancho—, pero ¿con qué paciencia podré llevar que quiera vuestra merced que de sola una vez que vi la casa de nuestra ama la haya de saber siempre y hallarla a media noche, no hallándola vuestra merced, que la debe de haber visto millares de veces?
—Tú me harás desesperar, Sancho —dijo don Quijote—. Ven acá, hereje: ¿no te he dicho mil veces que en todos los días de mi vida no he visto a la sin par Dulcinea, ni jamás atravesé los umbrales de su palacio, y que solo estoy enamorado de oídas y de la gran fama que tiene de hermosa y discreta?
—Ahora lo oigo —respondió Sancho—; y digo que pues vuestra merced no la ha visto, ni yo tampoco.
—Eso no puede ser —replicó don Quijote—, que por lo menos ya me has dicho tú que la viste ahechando trigo, cuando me trujiste la respuesta de la carta que le envié contigo.
—No se atenga a eso, señor —respondió Sancho—, porque le hago saber que también fue de oídas la vista y la respuesta que le truje; porque así sé yo quién es la señora Dulcinea como dar un puño en el cielo.
—Sancho, Sancho —respondió don Quijote—, tiempos hay de burlar y tiempos donde caen y parecen mal las burlas. No porque yo diga que ni he visto ni hablado a la señora de mi alma has tú de decir también que ni la has hablado ni visto, siendo tan al revés como sabes.
Este fragmento del Quijote pertenece al capítulo IX de la segunda parte cuyo título es: “Donde se cuenta lo que en él se verá”. En este capítulo se cuenta cómo Don Quijote y Sancho salen al amanecer en busca del alcázar de la señora Dulcinea de Toboso para que ésta le de “orden y traza” de poder velra por fin. Pero una vez más se marchan sin haber visto a Dulcinea, la dama que Don Quijote inventa.
En este capítulo Don Quijote pregunta a un labrador si sabe dónde está el alcázar de la sin par Dulciena del Toboso, pero éste, como es normal, dice no haber oído nunca de ella y que en aquel pueblo no vive ninguna princesa, sino que solo viven muchas mujeres de buena familia pero no princesas. Al no encontrar el alcázar, Sancho propone marcharse e ir otro día de nuevo para que Don Quijote no descubra la farsa que cometió cuando le entregó la respuesta de Dulcinea en Sierra Morena.
Considero necesario saber que en anteriores capítulos de la primera parte, Sancho dice haber visto a Dulcinea ahechando trigo, cosa que desmiente en este fragmento.

Vie 8 Jun 2007
Posted by olga under Lo real y lo imaginado, La invención de Dulcinea, Olga
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—Yo me reportaré —respondió Sancho—, pero ¿con qué paciencia podré llevar que quiera vuestra merced que de sola una vez que vi la casa de nuestra ama la haya de saber siempre y hallarla a media noche, no hallándola vuestra merced, que la debe de haber visto millares de veces?
—Tú me harás desesperar, Sancho —dijo don Quijote—. Ven acá, hereje: ¿no te he dicho mil veces que en todos los días de mi vida no he visto a la sin par Dulcinea, ni jamás atravesé los umbrales de su palacio, y que solo estoy enamorado de oídas y de la gran fama que tiene de hermosa y discreta?
—Ahora lo oigo —respondió Sancho—; y digo que pues vuestra merced no la ha visto, ni yo tampoco.
—Eso no puede ser —replicó don Quijote—, que por lo menos ya me has dicho tú que la viste ahechando trigo, cuando me trujiste la respuesta de la carta que le envié contigo.
—No se atenga a eso, señor —respondió Sancho—, porque le hago saber que también fue de oídas la vista y la respuesta que le truje; porque así sé yo quién es la señora Dulcinea como dar un puño en el cielo.
—Sancho, Sancho —respondió don Quijote—, tiempos hay de burlar y tiempos donde caen y parecen mal las burlas. No porque yo diga que ni he visto ni hablado a la señora de mi alma has tú de decir también que ni la has hablado ni visto, siendo tan al revés como sabes.
Este fragmento, titulado “Enamorado de oídas y de la gran fama que tiene de hermosa y discreta”, pertenece al capítulo IX de la segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha. En este fragmento se narra cómo, de camino a nuevas aventuras, don Quijote pasa por la ciudad del Toboso para que su amada Dulcinea, a la que no ha visto y que es producto de su imaginación, le dé la bendición y así poder proseguir, como los realmente caballeros hacían y cómo don Quijote pensó hacer al leerlo en las tantas novelas caballerescas que leia.
Se narra cómo, don Quijote, entró en el Toboso acompañado por Sancho y preguntó por dónde podía encontrar el palacio de Dulcinea y a ésta, en su imaginación, una princesa. A las preguntas que don Quijote hizo nadie supo contestar, ya que no había princesa alguna en el Toboso y menos un palacio.
Em este fragmento se puede ver cómo Sancho comete el error de decir que él no ha visto a Dulcinea del Toboso cuando anteriormente había dicho que sí, percatándose don Quijote de todo.
Mie 6 Jun 2007
Posted by javi fito under La invención de Dulcinea, Javi
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La duquesa rogó a don Quijote que le delinease y describiese, pues parecía tener felice memoria, la hermosura y facciones de la señora Dulcinea del Toboso, que, según lo que la fama pregonaba de su belleza, tenía por entendido que debía de ser la más bella criatura del orbe, y aun de toda la Mancha. Sospiró don Quijote oyendo lo que la duquesa le mandaba.[…]—Sí hiciera, por cierto —respondió don Quijote—, si no me la hubiera borrado de la idea la desgracia que poco ha que le sucedió, que es tal, que más estoy para llorarla que para describirla. Porque habrán de saber vuestras grandezas que yendo los días pasados a besarle las manos y a recebir su bendición, beneplácito y licencia para esta tercera salida, hallé otra de la que buscaba: halléla encantada y convertida de princesa en labradora, de hermosa en fea, de ángel en diablo, de olorosa en pestífera, de bien hablada en rústica, de reposada en brincadora, de luz en tinieblas, y, finalmente, de Dulcinea del Toboso en una villana de Sayago.
— ¡Válame Dios! — dando una gran voz, dijo a este instante el duque—. ¿Quién ha sido el que tanto mal ha hecho al mundo? ¿Quién ha quitado dél la belleza que le alegraba, el donaire que le entretenía y la honestidad que le acreditaba?
— ¿Quién? — respondió don Quijote—. ¿Quién puede ser sino algún maligno encantador de los muchos invidiosos que me persiguen? Esta raza maldita, nacida en el mundo para escurecer y aniquilar las hazañas de los buenos y para dar luz y levantar los fechos de los malos. Perseguido me han encantadores, encantadores me persiguen, y encantadores me persiguirán hasta dar conmigo y con mis altas caballerías en el profundo abismo del olvido, y en aquella parte me dañan y hieren donde ven que más lo siento; porque quitarle a un caballero andante su dama es quitarle los ojos con que mira y el sol con que se alumbra y el sustento con que se mantiene. Otras muchas veces lo he dicho, y ahora lo vuelvo a decir: que el caballero andante sin dama es como el árbol sin hojas, el edificio sin cimiento y la sombra sin cuerpo de quien se cause.

Este fragmento pertenece al libro de Don Quijote de la mancha escrito por Miguel de Cervantes y que esta incluido en el capitulo XXXI de este libro.
Este fragmento muestra un diálogo entre la duquesa y Don quijote donde la primera le hace una pequeña descripción a Don quijote de su amada Dulcinea del Toboso a lo que Don Quijote responde con un tono de pesadumbre y arrepentimiento alegando razones por las que no le apetece hablar, describir y recordar a su amada.
En este texto Don Quijote sigue estando en su mundo de fantasía donde se puede ver como Don Quijote sigue intentando ver a su amada como un ser superior y bello como en realidad no lo es y donde además vuelve a insistir en su mala suerte. En este caso justifica la visión que tiene de Dulcinea diciendo que un encantador a transformado a su amada. Por esto estamos ante una mentalidad petrarquista de Don Quijote donde intenta ver a su amada de una manera idealizada.