Mar 19 Jun 2007
No hay más que decir —dijo la duquesa—. Pero si, con todo eso, hemos de dar crédito a la historia que del señor don Quijote de pocos días a esta parte ha salido a la luz del mundo, con general aplauso de las gentes, della se colige, si mal no me acuerdo, que nunca vuesa merced ha visto a la señora Dulcinea, y que esta tal señora no es en el mundo, sino que es dama fantástica, que vuesa merced la engendró y parió en su entendimiento, y la pintó con todas aquellas gracias y perfeciones que quiso.—En eso hay mucho que decir —respondió don Quijote—. Dios sabe si hay Dulcinea o no en el mundo, o si es fantástica o no es fantástica; y estas no son de las cosas cuya averiguación se ha de llevar hasta el cabo. Ni yo engendré ni parí a mi señora, puesto que la contemplo como conviene que sea una dama que contenga en sí las partes que puedan hacerla famosa en todas las del mundo, como son hermosa sin tacha, grave sin soberbia, amorosa con honestidad, agradecida por cortés, cortés por bien criada, y, finalmente, alta por linaje, a causa que sobre la buena sangre resplandece y campea la hermosura con más grados de perfeción que en las hermosas humildemente nacidas
Este texto pertenece al capítulo XXXI de la obra cumbre de la literatura española “Don Quijote de la Mancha”, cuyo título es “Que trata de muchas y grandes cosas”. En este capítulo conversan la duquesa y Don Quijote, debatiendo sobre si Dulcinea es real o imaginaria. El protagonista mantiene que es real, por lo tanto la duquesa se burla de él. Don Quijote le replica afirmando que si es real, o que al menos no es totalmente seguro que sea imaginaria. Este capítulo sigue un modelo petrarquista, ya que Don Quijote enuncia una serie de facultades sobre Dulcinea, un personaje inventado que aparece en la historia, es decir, que sigue el modelo nombrado anteriormente
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